domingo, 22 de julio de 2007

Crónicas. Diluvio Parte II

Bien, todo tranquilo por acá. Lejos de la ciudad el aire comienza a purificarse, ahora es solo una tenue mezcla de miedo y tensión. Por supuesto que es estúpido del nuevo ya comienza a oler a rayos. Le he colocado tres o cuatro ampollas de suero, incluso mi píxide está por vaciarse, no sé si lo logrará. Ya es evidente su paranoia y está transpirando. Sabe que es un muerto viviente, pero el hijo de puta se hace el duro. Yo sé que por dentro no para de cagarse encima.

Tom va a vanguardia y Jonás en la retaguardia, yo me encargo del nuevo. Ya está desvariando y su mandíbula se aprieta volviendo molesto escucharle hablar de su novia y sus planes futuros. La represa se distingue a lo lejos, no puedo sacar de mi cabeza las palabras de Dock mientras camino como uno de ellos dispuesto a entregar mi vida por mantener a los malditos infectos a raya. Las estrellas forman un intrincado diseño sobre nosotros. La noche se hace más y más fría.

Espero no encontrar más sorpresas pero el aroma de nuestro mordido es una guía maldita para estos cabrones. Creo que le escuché a Corvo algo sobre una nueva teoría respecto al contagio, diablos, demonios o algo por el estilo, esas conversaciones en la destilería de Rabat nunca puedo recordarlas, el Turco no diluye mucho su producción, lo que la torna peligrosa para las neuronas.

Tom se agacha, a una señal de su mano nos detenemos, a tierra todos y atentos a la jugada, el nuevo no deja de murmurar, sus ojos casi se salen de sus órbitas y el rictus de su mueca comienza a ponerme realmente nervioso.

Escucho algo, pasos de rápido, está cerca, parece que responde al llamado de nuestro compañero, quisiera haber traído mi lanzallamas, pero una barbacoa de zombi no está permitida en el descampado y menos de noche.

Pero que mierda, un puto rápido frente a nosotros, hay que caerle encima a como de lugar…
-Tom, Jonás a por el cabrones!!!!!!-

Tom se incorpora y de un macanazo revienta la mandíbula del nefasto ser al tiempo que Jonás corta una de sus piernas. El maldito cae como árbol talado.

-Nos salvamos- Pienso aliviado, mientras me incorporo para acercarme al putrefacto animal. Está tirado en el suelo, entre los pastizales, Jonás cortó sus brazos y la otra pierna, le infeliz no siente dolor, es una pena.

Sus ojos siguen vivos, me viran y como si fuera un reflejo, me siguen. Es inquietante saber que pueden haber más como este por acá, hay que seguir, unos pocos kilómetros y estaremos a salvo, o algo por el estilo. El muy puto animal sigue mirándome mientras levanto el machete para abrirle el cráneo, no es protocolo pero lo disfrutaré.

-Deje de mirarme podrido de mierda- Digo entre dientes muy cerca de su descompuesta cara asegurándome de ser oído. – Esta será la última vez que te veo-

-Pero qué mierda, se está riendo, como algo sin mandíbula puede emitir algo así como una carcajada, es apenas perceptible pero se ríe y mientras lo escucho tengo cada vez más ganas de vomitar.-

Si vomito encima del cuerpo desmembrado del rápido al tiempo que abro su cabeza de tres golpes de machete. Limpio mi boca con la manga del uniforme y seguimos nuestro camino. Todavía no creo que tengamos que cuidar a una larva de lento, pero debemos llegar al objetivo lo antes posible y, a pesar de todo el nuevo aún puede cargar su equipo.

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